A menudo cuando somos padres primerizos nos cuesta descifrar las emociones de nuestros hijos y nos desesperamos porque no entendemos qué les pasa.
Los vemos “sufrir” y queremos evitarles las emociones que entendemos como negativas cuando, como todas, están al servicio de la su vida y su crecimiento.
La rabia, la tristeza, la alegría, el miedo… todas son funcionales cuando las vivimos en el presente y los niños las experimentan así.
Son energía que fluye por nuestro cuerpo v nos conectan con la vida, con lo que a cada momento presente tenemos que experimentar para crecer, evolucionar y adaptarnos en función de los constantes cambios que detectamos en el ambiente.
Sentir es vivir y conocer mejor nuestras emociones y sus manifestaciones nos ayuda a conocernos mejor, entender mejor a nuestros hijos y fluir con la vida.
Vamos a ello!